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DOS MINUTOS ..Las señales de la alegría

[ 0 ] 24 marzo 2008 |

Bajo un aguacero torrencial, iban dos jovencitos hacia Puerto Plata a comenzar unas ansiadas vacaciones. Faltando sólo unos kilómetros, el carro se detuvo y el chofer anunció: “No podemos seguir, el río Camú se llevó el puente”. ¿Qué hicieron los jovencitos? Pues se pusieron sus maletas en la cabeza y cruzaron el río a pie. Se mojaron ellos y las maletas, pero ¡qué importa! El asunto era llegar donde les estaban esperando unas maravillosas e inolvidables vacaciones. Su ilusionada esperanza restaba importancia a los trabajos del camino.

En la vida cristiana sucede algo similar. Dice el Padre Ramón Dubert: “El hombre es mortal, pero está destinado a Otra Vida, y tiene que pasar el río del Viernes Santo para llegar a la orilla del más allá donde seguirá viviendo para siempre. Este es el ofrecimiento de Jesús…” Y San Pablo declara: “Si la esperanza que tenemos en el Mesías es sólo para esta vida, somos los más desgraciados de los hombres”. (1 Cor. 15,19) Y es que sólo la gran noticia de la resurrección, acogida con fe en el corazón, es lo que puede hacernos “cruzar el río” con las maletas en la cabeza, pero llenos de alegría y esperanza.

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En el evangelio de hoy (Juan 20,1-9) aparecen dos hombres corriendo hacia un sepulcro: Pedro y Juan. María Magdalena les había avisado que la piedra había sido removida, y ellos fueron corriendo, quizás con la excitación que produce la esperanza. Creo que es el único caso en la historia en que dos personas han ido a un sepulcro corriendo. Juan, como más joven, llega primero, pero no entra. Tiene la prudente actitud de respetar a Pedro y esperarlo. Cuando Pedro llegó, entró, y detrás, él. Los dos ven cómo habían quedado las cosas: las fajas, el sudario cuidadosamente doblados…

Era inadmisible que un ladrón hubiera dejado todo tan ordenado. Era un simple hecho que no demostraba nada… pero era una señal… Y, ante esta señal, Juan vió y creyó. Es la única ocasión en que se afirma en todo el Nuevo Testamento que alguien creyó al ver vacío el sepulcro donde habían sepultado a Jesús.

De modo que Juan creyó en la resurrección de Jesús antes que todos, incluso antes que Pedro. Este hecho no tiene tanta relevancia, porque el encuentro personal con el Señor resucitado tiene lugar muy pronto, pero a mí me interesa especialmente, porque, como dice M. Gómez, es un modelo del tipo de fe que puedo yo tener: creer por las señales, verlo donde otros no lo ven, encontrarlo en la vida diaria, en los hechos simples que no demuestran nada… PERO SON LAS SEÑALES…

Y esto no es tan difícil como puede parecer; El está vivo y está entre nosotros. Lo único que se requiere para encontrarlo es ESTAR SINCERAMENTE BUSCÁNDOLO. No me pregunte dónde, usted sabe dónde está: en un necesitado… en un sagrario… en el silencio… dentro de usted… Creo que encontrarlo dentro de uno mismo, en la “soledad acompañada” del silencio, será la causa de empezar a encontrarlo también afuera. ¿Lo ha encontrado usted ahí…? Sólo sé que encontrarse con el Señor es la única manera de vivir una vida con sentido, sabiendo que el final no es sólo un río desbordado, sino aquella orilla llena de alegría y de Vida sin término.

La pregunta de hoy
¿Puedo estar seguro de que si busco al Señor lo voy a encontrar? Sí, en efecto, puede estar usted seguro. La razón es muy simple, y es que: EL TAMBIÉN LO ESTÁ BUSCANDO A USTED.

Category: La hora de Dios

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